La tormenta solar de 1859, conocida también como evento Carrington, es considerada la tormenta solar más potente registrada en la historia. Debe su nombre a que el inglés Richard Carrington, un astrónomo aficionado, fue el primero en observarla.
Entre el 27 de agosto y el 7 de septiembre de 1859 se produjo una gran eyección de fulguración solar, divisándose auroras boreales y australes en zonas bajas. En un mundo dependiente de las conexiones digitales y satelitales, no es difícil imaginarse un escenario similar como nos lo muestra el filme estadounidense The day the Earth stood still (El día que la Tierra se detuvo) de 1951, en la que Klaatu (un ser extraterrestre) y su robot activan unas palancas que provocan la suspensión de toda la electricidad del planeta (excepto de los sistemas vitales) por media hora. Transcurrido ese lapso, todo volvería a la normalidad. ¿Acaso el Sol no es extraterrestre? El pánico acabaría con el postureo banal en plataformas digitales.
El incidente mencionado no es más que uno de tantos. El globo terráqueo está expuesto inevitablemente a fenómenos exógenos por hallarse inmenso en el sistema solar: la radiación estelar, meteoritos, la gravedad de Selene, cometas; y endógenos: terremotos, erupciones volcánicas, temperaturas extremas, huracanes, tormentas, tsunamis, ciclones.
El pico de intensidad de aquel suceso fue entre el 1 y el 2 de septiembre y generó el fallo de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte. Se alcanzaron a ver intensas cortinas de luz, desde Maine hasta Florida e incluso en Santiago de Chile. Los capitanes de barco que navegaban en las costas de Cuba registraron en sus bitácoras la aparición de luces cobrizas cerca del cenit. En Estados Unidos, los cables del telégrafo sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios, en los que los transformadores se fundieron en una sola masa de cobre.
No hace falta remontarnos hasta el evento Carrington para encontrar una tormenta geomagnética que afecte a nuestras instalaciones eléctricas: en marzo de 1989, otro fenómeno similar (pero no tan fuerte) fue el responsable de que una buena parte de la ciudad canadiense de Quebec se quedase sin energía eléctrica durante varias horas. Nos acordamos de santa Bárbara solo cuando truena. Dios perdona siempre, los hombres a veces, la naturaleza nunca.

