Expertos en seguridad digital de Eset han detectado un alarmante repunte en una modalidad conocida como “estafa de recuperación”.
Este esquema está diseñado específicamente para atacar a personas que ya han sido víctimas de un fraude financiero, aprovechándose de su desesperación por recuperar el dinero perdido para victimizarlas por segunda vez.
El modus operandi comienza con el monitoreo de foros, redes sociales y plataformas de denuncia donde las víctimas suelen exponer sus casos. Los estafadores, utilizando perfiles falsos que lucen profesionales, se presentan como abogados especializados, firmas de recuperación de criptoactivos o incluso agentes de organismos gubernamentales.
Afirman tener la tecnología o los contactos legales necesarios para rastrear el capital robado y devolverlo al usuario, solicitando para ello un pago por adelantado bajo conceptos de “tasas administrativas”, “honorarios legales” o “impuestos de liberación”.
La psicología del fraude de recuperación
Lo que hace que este engaño sea tan efectivo es la vulnerabilidad emocional de la víctima. Tras haber sufrido una pérdida económica, el usuario tiende a bajar la guardia ante la esperanza de una solución rápida. Los delincuentes utilizan documentos falsificados con sellos oficiales y términos legales complejos para dar una apariencia de legitimidad. En muchos casos, incluso aseguran haber localizado el dinero en una “billetera digital bloqueada” y que solo se requiere una pequeña transferencia para desbloquearla.
Una vez que la víctima realiza el pago solicitado, los supuestos expertos desaparecen o inventan nuevos obstáculos que requieren más desembolsos. Esta cadena de pagos puede extenderse durante semanas, profundizando el daño financiero y psicológico del afectado. Es fundamental entender que ninguna entidad legítima o firma de abogados seria garantiza la recuperación de fondos robados mediante el pago previo de comisiones informales a través de canales no oficiales.
Cómo protegerse y qué hacer tras una estafa
La primera regla de oro para evitar el doble engaño es la sospecha ante el contacto no solicitado. Si alguien le contacta asegurando que puede recuperar su dinero tras una denuncia en redes sociales, es casi seguro que se trata de un estafador. Las instituciones financieras y los cuerpos de seguridad del Estado tienen canales formales de denuncia y nunca solicitarán pagos a través de criptomonedas o tarjetas de regalo para gestionar una investigación.
Si ya ha sido víctima de una estafa, lo más importante es cesar toda comunicación con el contacto sospechoso y reportar el caso ante las unidades de delitos informáticos de su localidad. Además, es vital realizar una auditoría de seguridad en sus dispositivos y cuentas, ya que estos delincuentes a menudo comparten bases de datos de “víctimas potenciales” con otros grupos criminales. La prevención y el escepticismo siguen siendo las mejores herramientas contra una industria del fraude que no tiene límites éticos para revictimizar a quienes ya han sufrido una pérdida.

