“Madre Patria”, dice usted, y me pone en la obligación de recordarle que Simón Bolívar, de orígenes profundos en la península ibérica, le dijo “desnaturalizada madrastra”. Y no andaba pensando en odios contra un señor jugando dominó en la Hermandad Gallega o de una vendedora de flores en Sevilla, porque de lo que abominamos es de la pretensión de dominación sobre nosotros y estas tierras nuestras. Tenemos mucho que reclamar de la conquista y de esa vocación de superioridad que llevó al exterminio a buena parte de nuestros pueblos indígenas, de la compra en mercados de “piezas” humanas para su explotación en nombre de una superioridad que todavía reclaman hoy los malos hijos de España.
Si oímos una canción andaluza, nos suena próxima y propia, porque a fuerza de un escandaloso y prolongado crimen, nos hicimos cercanos. Que entre nuestros ancestros encontramos tanto a violadores europeos como a pobladores originarios, lo reconocemos, pero como dijo Chávez: “Somos más Indoamérica y Afroamérica, que Hispanoamérica”. Y sí usted puede encontrarnos hablando el mismo idioma, cada quien con sus acentos, que sea el idioma de Quevedo y de Neruda, el idioma de César Vallejo y de Antonio Machado. No el de quienes hicieron sus historias bañando sus espadas en sangre nuestra, quemando pueblos, robando tierras y esclavizando gentes. “Con Guaicaipuro, Paramaconi, los desnudos y heroicos Caracas, tenemos que estar, y no con las llamas que los quemaron, ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron”, escribió José Martí, prócer nuestroamericano.
De todos queremos ser hermanos, pero que no pretendan imponernos yugos viejos ni se pongan a inventar que van a “protegernos”, nombrando gobernantes coloniales, para que vengan a defender los intereses de ellos o de sus nuevos amos norteamericanos. No. Que Bolívar no hizo correr al León de Castilla, desde el Orinoco hasta los Andes peruanos, para que vuelvan. El Libertador sigue diciendo en su Carta de Jamaica: “El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos… América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria”.

