Cada 17 de mayo, el mundo conmemora el Día Mundial de la Hipertensión, una fecha que no busca simplemente llenar el calendario, sino encender una alarma necesaria ante una condición que afecta a mil millones de personas globalmente.
Conocida técnicamente como hipertensión arterial (HTA), esta patología es la principal causa de enfermedades cardiovasculares y muertes prematuras en el mundo.
La doctora Paola Centraga, de medicina general, lo define como un asesino silencioso. “Imaginemos que las arterias son tuberías y la sangre es el líquido que corre por ellas; la presión arterial es la fuerza que la sangre ejerce contra las paredes de esos conductos. Cuando esa fuerza es persistentemente elevada, el corazón debe trabajar más de lo normal para bombear, lo que termina dañando tanto el músculo cardíaco como los vasos sanguíneos”, indica.
Asegura que, para considerar a una persona hipertensa, sus mediciones deben ser superiores a 140/90 mmHg.
Explica que lo más peligroso es que, en la mayoría de los casos, no presenta síntomas evidentes, permitiendo que la persona viva años con la presión alta sin saberlo, hasta que se manifiesta drásticamente en forma de un infarto, un accidente cerebrovascular o daño renal crónico.
Muchas causas
La aparición de la hipertensión no responde a una causa única, sino que es el resultado de una compleja mezcla de factores. Por un lado, existen elementos no modificables como la genética, la edad y la etnia.
Por otro lado, están los factores modificables vinculados al estilo de vida, que son los que realmente inclinan la balanza.
El consumo excesivo de sal es uno de los principales culpables, y abarca 70% de los casos, ya que el sodio retiene líquidos y aumenta la presión en el sistema. A esto se suma el sedentarismo, una dieta rica en grasas saturadas y alimentos ultraprocesados, así como el tabaquismo y el consumo nocivo de alcohol.
Alternativas
El poder de controlarla reside en gran medida en los hábitos diarios. El abordaje médico se basa en un trípode fundamental que comienza con una alimentación inteligente, como la dieta Dash, que prioriza frutas, vegetales y proteínas magras.
El segundo pilar es la actividad física regular, donde al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico a la semana pueden ser tan efectivos como algunos fármacos.
Para quienes ya están diagnosticados, la adherencia estricta al tratamiento farmacológico es vital para evitar complicaciones a largo plazo.
En el contexto de Venezuela, el abordaje de la hipertensión presenta desafíos y matices particulares. Según estimaciones de la Sociedad Venezolana de Cardiología y estudios como el EVESV, la prevalencia de hipertensión en adultos venezolanos ronda entre el 30% y el 35%.
El panorama nacional se ve influenciado por el entorno socioeconómico, que impacta directamente en la gestión de la enfermedad.
Aunque el suministro de medicamentos ha mostrado focos de mejoría, el costo sigue representando una barrera para la continuidad terapéutica en los sectores más vulnerables.
A esto se añade el factor del estrés psicosocial, que actúa como un detonante constante, elevando los niveles de cortisol y, por consecuencia, la presión arterial de la población urbana.
A pesar de estas dificultades, el gremio médico venezolano se mantiene en la vanguardia de la prevención.
Organizaciones como la Sociedad Venezolana de Medicina Interna y la Sociedad Venezolana de Cardiología aprovechan el 17 de mayo para impulsar jornadas de despistaje gratuitas y campañas de educación sobre la hipertensión.
El enfoque actual en el país se centra en el automonitoreo y la educación del paciente, instando a los ciudadanos a conocer sus números mediante la toma de presión frecuente en farmacias o centros comunitarios.
La lucha contra el asesino silencioso comienza con un cambio en la cultura del cuidado personal, entendiendo que una simple medición de dos minutos puede ser la diferencia entre una vida plena y una discapacidad prevenible.
La salud cardiovascular del venezolano empieza en el conocimiento, pasa por el plato de comida y se mantiene con la constancia de un estilo de vida activo.
Al ser una condición que no suele avisar con síntomas claros, la prevención se convierte en nuestra mejor herramienta de defensa; entender que el control de la presión arterial no es un evento ocasional.
Causas más comunes
- Genética. Antecedentes familiares de hipertensión.
- Envejecimiento. Los vasos sanguíneos pierden elasticidad con la edad.
- Consumo excesivo de sodio. Retiene líquidos y aumenta la presión.
- Sedentarismo. La falta de actividad física diaria aumenta la frecuencia cardíaca.
- Mala alimentación. Dietas bajas en potasio y ricas en grasas saturadas
- Obesidad. Requiere que el corazón bombee más sangre para suministrar oxígeno a los tejidos.
- Consumo de sustancias. El tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol dañan las paredes de las arterias.
- Trastornos hormonales. Problemas de tiroides, glándulas suprarrenales (como el síndrome de Cushing) o hiperaldosteronismo.
- Defectos congénitos. Problemas cardíacos.

