La Cepal ha sido clara: Venezuela lidera el crecimiento económico de la región, por lo que estos momentos somos el faro productivo de América Latina. Una realidad que también es el resultado de un modelo que aprendió a producir bajo las más estrictas adversidades, diversificando su economía y confiando en el esfuerzo nacional.
Ante eso, debo resaltar que la presidenta, Delcy Rodríguez ha cumplido la palabra empeñada. El fortalecimiento del ingreso mínimo integral anunciado para este 1.° de mayo es un acto de justicia humana. En medio del bloqueo, el Estado Bolivariano sigue priorizando la protección de la familia obrera. No es solo un número; es la defensa del poder adquisitivo frente a la guerra económica, a los planes desestabilizadores y a los golpes a nuestra moneda; asegurando que la lucha y resistencia de este pueblo debe seguir la senda hasta alcanzar el bienestar real.
También apoyamos las políticas de protección hacia nuestros abuelos y abuelas; a la juventud, a quienes están regresando al país; el llamado al empresariado, a los inversores, a los trabajadores a construir país. Aun cuando no es suficiente, es un paso acertado e importante en este momento que vive la Patria.
De igual manera, nos sumamos a la buena nueva de que Venezuela alcance la cifra de 1.2 millones de barriles diarios, en definitiva, una proeza de nuestros trabajadores petroleros. Porque se trata de un volumen que no solo busca estabilizar nuestra economía interna, sino que redefine el mercado mundial golpeado por la incertidumbre en Medio Oriente. Así, Venezuela se afianza como el suministrador más seguro y confiable del planeta. ¡Sin nosotros, no hay equilibrio energético global!
Ante esta realidad y al declive del dólar, el avance hacia los Brics es una ruta también hacia la libertad definitiva y un nuevo modelo económico que equilibra y avanza. Nosotros, con nuestros recursos y dignidad, nos sumamos a este nuevo orden multipolar donde el respeto a la soberanía es la única regla y la apuesta es hacia un sistema financiero que respeta las reglas.
No podemos olvidar las presiones externas, los intentos de sabotaje y los shows judiciales. La ultraderecha, que sueña con vernos de rodillas, debe seguir viéndonos más unidos, peregrinando, marchando y demostrando que la unión cívico-militar es un muro infranqueable.

